jueves, 30 de enero de 2020

CERRAR LOS OJOS, IMAGINARME TODAVÍA ALLÍ



Cerrar los ojos, imaginarme todavía allí. En donde tuve la oportunidad de observar y sentirme un gran privilegiado. ¡Qué hermoso fue! Pero al mismo tiempo pensar que pude perder la vida. Podría escribir mil palabras y no serían suficientes para expresar lo que sentí. Mi percepción del mundo cambió radicalmente y mi propia existencia se convirtió en un anhelo constante a lo que experimenté.
Era joven e intrépido con ganas de aventurarme a nuevos desafíos. La preparación a mi nuevo reto fue emocionante. Aprender a sobrevivir en circunstancias extremas en medio de la selva. Solo, y con la compañía de una navaja y mí ingenio. Cualquiera hubiera perecido a las pocas horas, yo en cambio me bastaba con dar rienda suelta a mis neuronas para conseguir alimento y agua potable. Construir con unas pocas ramas una estancia que me permitiera descansar y resguardarme de la lluvia. Una semana duró todo aquello pero ya estaba pensando en el nuevo reto que superar. Un desierto me aguardaba, esta vez tenia compañero de viaje. Pasar de un clima tropical a un calor sofocante. No perder la calma cuando las reservas de agua estaban a punto de agotarse. Que esa sed que sentía no me provocará que perdiera la razón. Me dejó agotado mentalmente y físicamente pero aun así por mi cabeza no dejaba de pensar en lo siguiente.
La preparación fue dura. Podía pensar que en algún momento podría entrarme el miedo, que me bloquearía y provocaría que no pudiera realizar la gran hazaña. Sentirme afortunado por la gran oportunidad que se me había dado. Pruebas y más pruebas que ponían mi cuerpo al límite. Pese que me dolían tanto los huesos, no podía evitar sacar las fuerzas para seguir, mentalmente no me rendía. Esos años de entrenamiento valieron la pena.
Nunca olvidaré el estado de nervios, cruzando los dedos de los pies y manos para que no pasara nada. Que todo siguiera como estaba programado. Con dos acompañantes que haría más entretenida la experiencia. Habíamos convivido muchas horas juntos, incluso más que las propias familias, que solo podían resignarse por la situación. Ahora había llegado el momento de la verdadera convivencia. Compartir momentos en unos pocos metros cuadrados. Saldrían nuestros miedos más profundos y juntos tendríamos que superar todas las dificultades que nos fuéramos encontrando.
Acostumbrarse a un lugar donde lo único que hacíamos era comer y descansar. Sumado a los trabajos programados. No sabíamos cuando vendrían a relevarnos, pero hasta entonces intentábamos que nuestra rutina no nos afectara, aunque a la larga nos acabó afectando. Crisis que no se podían evitar. Compañeros que mentalmente estaban agotados. Como recuerdo al pobre Charlie, que estaba harto de estar encerrado. Una ansiedad que había de controlar. Estar confinados tanto tiempo es normal que perdiéramos la cabeza. La situación se fue complicando cuando comenzaron a llegar las alucinaciones. Crear la imagen en tu cabeza de alguien que echabas de menos. Convivir como si fuera real. Tomar la decisión de que debería descansar y salir al exterior para quitar el agobio de estar encerrado. Quitarle el estrés acumulado. Misión casi imposible cuando donde nos encontrábamos era muy difícil no sentirse atrapado. Resignarnos a mantener conversaciones con nuestra familia en un monitor y que cada vez que acababan tener ganas de abrazarlos, pero no era posible. Eso tampoco ayudaba.
Pero aún sabiendo que pasamos malos momentos no puedo olvidar la oportunidad que nos ofrecieron. Recuerdo cuando salí al exterior por primera vez, fue el momento más silencioso de mi vida. Sentir la soledad como nunca la había imaginado. Mis oídos no oían nada, era el silencio absoluto. Miraba lo que me rodeaba y no podía evitar emocionarme. Era afortunado por estar ahí en ese momento. Era como un sueño hecho realidad. Mi momento de paz interior que me marcó para siempre. Han pasado muchos años, pero sigo imaginando en ese lugar mágico que me encantaría volver.
Quien iba a pensar que viajamos hacia la base lunar. Tanto tiempo imaginando como sería. Ser capaz de alzar la mirada y mirar nuestro hogar la Tierra se alejaba. Despidiéndonos de él hasta nuestro regreso. En un principio era para un par de meses, pero se acabó convirtiendo en más de un año. 
Los paseos por la luna nos daban la oportunidad de poder recorren la superficie lunar con el Rover. Subidos en el vehículo con los trajes espaciales que parecía que en cualquier momento podíamos acabar por el suelo por culpa de la poca gravedad. Lo que no me acababa de acostumbrar era no tener viento. Ni siquiera una triste brisa para que golpeara mi rostro. Lo que realmente me emocionaba eran las vistas. Alzar la cabeza tener el universo en nuestras manos. Ver la Tierra como si fuera una canica gigante, poder levantar la mano y tener la sensación de que puedes alcanzarla.
Pese a los momentos de querer tirar la toalla. No lo cambiaría por nada. Como encontrarte una mañana unos cuantos meteoritos que con sus impactos forman unos cráteres nuevos. Como eché de menos la atmósfera de la Tierra. Allí seguro que se hubieran desintegrado. Suerte que los impactos estaban lejos de nuestra base, pero aun así no podíamos evitar sentir miedo de que en cualquier momento un meteorito nos golpeara y nos hicieran trizas.  Ya era hora de volver a casa y que una nueva tripulación ocupara nuestro lugar. Las ganas, de volver a ver a nuestros seres queridos era palpable en lo emocionados que estábamos. Por fin dejaríamos de comunicarnos a través de un monitor a 384,400 km de la Tierra.
Ahora convertido en un anciano lleno de nostalgia. De dar gracias de poder haber ido a la luna hermosa y recordarlo durante toda mi vida. Mirar hacia el cielo y buscar a la esfera blanca que nos da calma y nos hace pensar que los sueños son posibles.
De tener ganas de decirle a todo el mundo que no te subestimes. Sueña lo imposible y haz que se haga realidad.
Yo caminé y viví en la Luna. No dejo de pensar en poder volver y ver mis viejas huellas que todavía seguirán allí esperándome, aunque mi pobre artritis y mi cuerpo débil lo hace imposible seguiré soñando por las noches  siendo joven y caminando por su superficie.

Escrito por Sandra Barrachina 














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