
Marte es un planeta que nos fascina, durante años el hombre a querido pisar el suelo marciano. El deseo está presente en cada momento, investigar sobre el planeta rojo, y darnos cuenta que solo aterrizar será un gran problema. Si lo logramos, lo primero que pensaremos es encontrar agua, algo difícil porque a pesar de estar lleno de cráteres lo único que podemos encontrar es algo de escarcha, agua helada y dióxido de carbono helado. Ambas sustancias crean depósitos de hielo blanco. Por la temperatura del planeta ese hielo se convierte en gas, llamado también sublimación, vapor de agua gaseoso. El sol sale por el este y se pone en el oeste. Es un desierto frío pero hermoso de arena y piedras. Los días marcianos duran unos 669 días marcianos. ¿Problemas? las tormentas de polvo. inyectan polvo fino en la alta estratosfera que más tarde se irá asentando poco a poco hasta cubrir todo el planeta con mantos de polvo.
Tras pasar un tiempo en Marte, cuyo campo gravitacional es menor fuerte, sería casi imposible ajustarlo a las condiciones de la Tierra, con una gravedad mucho más pesada, y su suelo compuesto por perclorato, que es bastante tóxico, no sería aconsejable pasar mucho tiempo con el traje espacial, porque además de ser corrosivo dañaría el material de los trajes. La radicación es mucho más fuerte y lo delgada que es la atmósfera marciana sin el equipo adecuado morirías por radiación o por la falta de oxígeno. Permanecer mucho tiempo no sería posible, solamente los nacidos en el planeta podrían sobrevivir, estarían adaptados a las condiciones marcianas, en cambio los nacidos en la Tierra, tendrían que volver a la órbita terrestre para poder mantenerse con vida. Los nacidos en Marte no podrían viajar a la Tierra porque su cuerpo no soportaría su gravedad. Sus huesos acostumbrados a una atmósfera ligera como la de Marte no se adaptan a una gravedad tan pesada.
Nací en Marte. Mis padres son de la Tierra, un planeta que solo conozco de las clases de historia. Tienen pensado transformar el planeta donde vivo en algo parecido a la Tierra. Estoy rodeado de científicos que pasan la mayoría de las horas recogiendo información y comprobando datos de sus últimos experimentos. Vivimos en una especie de bunkers enormes llenos de oxígeno que llenan nuestros pulmones. En el exterior sólo podemos salir una vez al mes y vestidos con unos trajes que pesan casi como nuestros cuerpos. En el resto del tiempo nos la pasamos leyendo algún libro o haciendo ejercicio, porque nos obligan a mantenernos en forma. Nos tratan como si nos fuéramos a romper constantemente. En cuanto ,nos encontramos mal no dudan en hacernos mil y una pruebas. El propio planeta no nos da todo lo que necesitamos, por eso de vez en cuando una nave llamada Starship, llega al planeta repleta de alimentos y con aparatos para seguir progresando en las investigaciones. Dependemos todavía de otros, pero piensan que en un futuro no muy lejano será posible que no sea así. El problema que tardan casi dos años en su viaje hasta aquí y en ese tiempo en más de una ocasión nuestra situación se convierte en insostenible. Yo lo veo desde los ojos de un adolescente y no puede evitar tener miedo a morir constantemente. Vivir en un lugar encerrado por muy amplio que sea no puedo asimilarlo. Comenzaron a dejarnos salir a los más jóvenes, por la insistencia constante que lo necesitábamos. Siempre lo hacíamos acompañados de nuestros padres y ese día era maravilloso tener la oportunidad de observar lo hermoso que era el planeta. Llevábamos los trajes pero daba lo mismo, por fin teníamos la oportunidad de ver el suelo marciano. Sabíamos desde bien jóvenes que los nacidos en el planeta rojo nos quedamos para siempre. No podemos marcharnos. No nos adaptaríamos a la Tierra y lo más cruel de todo. Llegaría el momento de que tendríamos que despedirnos de nuestros padres, porque sus cuerpos no soportarían más su estancia en el planeta. No me hacía a la idea de que llegaría ese día tan triste para mi. Sé que estarían vivos en la Tierra, pero nunca más los podría abrazar. Solo recibir mensajes y no verles la cara. Se estaba desarrollando tecnología para poder recibir videos e imágenes. Ahora se está haciendo usando las sondas marcianas para poder enviarlas a la Tierra, pero directamente Marte con Tierra no se puede. Los mensajes tienen un retroceso de entre 10 o 15 minutos. Las comunicaciones se realizaban mediante ondas electromagnéticas, microondas o ondas de radio, que viajaban por el espacio casi como la velocidad de la luz. La distancia media entre los dos planetas es de 80 millones de kilómetros, el mensaje tardaba unos 4 minutos de distancia. Estaban desarrollando detectores capaces de percibir señales láser en el área infrarroja del espectro óptico. Sustituir el uso de ondas de radio por el sistema basado en los rayos láser.
-¿Qué estás haciendo Megan?
-Comenzando mi diario marciano.
- Si que has tardado en hacerlo.
-Eso de ponerme delante de una cámara y grabarse un video hablando yo sola no me entusiasma demasiado.
-Debes hacerlo, porque será lo que nuestros padres se llevarán en su regreso a la Tierra.
- Me pone tan triste pensarlo.
- Yo pienso lo mismo. Pero no dejo que me afecte. Disfruta el tiempo con ellos, como yo hago.
- No damos muy pocos abrazos.
- Nos hemos vuelto demasiado analíticos.
- No puedo evitar hablar de cosas científicas que he leído en libros o en las clases.
- Si no sabes donde comenzar, piensa cómo empezó todo.
Me hizo pensar en ese inicio. Nacer fue el principio. No recuerdo como fue pero según mis padres fue un momento muy esperado. Conseguir algo aparentemente imposible de lograr.
La primera generación marciana. Recuerdo los días que salían al exterior a trabajar con sus trajes especiales, mientras yo me quedaba mirando desde una pequeña ventana de mi cuarto, aislada y sola viendo como trabajaban. Luego regresaban con restos de polvo y muy agotados, pero pese a todo siempre encontraban la manera de hacerme compañía en esos primeros años de mi vida.
-Papá cuéntame cómo es Marte.
-Cuando te colocas el traje y el casco parece que te transportas a otro mundo. Esas dunas de rocas inmensas que rodean todo el planeta. Sus Lunas, Fobos y Deimos que de vez en cuano vemos en las noches oscuras. El frío que recorren nuestros cuerpos mientras deseamos volver a los bunkers y encontrar algo de calor. Ver la cara de una niña y recordar su sonrisa cada vez que nos recibe para acabar el día.
La jornada comenzaba levantándome en un cuarto diminuto. Una cama acompañada de una mesa y una silla. Sin olvidarme de una estantería llena de libros que la mayoría eran científicos, aunque siempre acababa leyendo alguna de Julio Verne que estaba de lo más entretenido. El desayuno era insípido pero tampoco había gran cosa que elegir, te acabas acostumbrando. Se pueden hacer cultivos mediante el sistema de comprensión atmosférica, invernaderos donde crecen plantas que luego podemos consumir.
Lo siguiente es marcarte unas carreras en una especie de circuito cerrado. El cuerpo es ligero a veces parece hasta que flotes, pero todavía no ha llegado el caso. No estamos en Titán sino en Marte. El satélite de Saturno, en él podrías sobrevolar el planeta. Eso sería una ilusión porque lo único que han encontrado allí es vida microbiana. Un poco de ejercicio siempre sienta bien, luego vienen las clases y la teoría.
Desde hace pocos años nos han dejado relacionarnos con el resto de nacidos en Marte como yo. Piensan que nuestros cuerpos están adaptados y que lo siguiente será fraternizar. Al igual que nos han recordado de dónde hemos nacido, nos recuerdan que debemos poblar el planeta con nuestros futuros hijos. Toda nuestra vida está programada, y en cuanto se pueda nos debemos emparejar. Seguirán viniendo naves desde la Tierra para que la colonia siga creciendo. Teniendo bebés para luego volver a marcharse hasta que el ciclo se cierre. De momento cada jornada se va construyendo nuevos módulos para alojar a más gente. Este año está programado que elija pareja para procrear. Pido consejos a mis padres, siempre me hablan de su experiencia. Se presentaron voluntarios para ir a Marte, para ambos era la oportunidad de hacer algo grande. La humanidad dependía de ellos y eso era lo que les importaba. En esos años se hicieron amigos íntimos pero no sentían ese fuego que llaman amor. Los sentimientos no importaban.
Mis padres dejaron Marte demasiado pronto. Sus cuerpos deteriorados marcaron la fecha de vuelta a la Tierra. Los médicos recomendaron que abandonara el planeta si no querían correr el riesgo de morir. Su legado estaba listo, orgullosos de lo conseguido.
Había aprendido tanto con mis padres. No me imaginaba que el tiempo con ellos estaba apunto de agotarse. Los quería conmigo siempre, pero ese pensamiento era egoísta. Quería ir en la nave, quedarme a vivir en la Tierra. Luego me acordaba que mi cuerpo no lo aguantaría. Pesaría cada hueso de mi cuerpo como tres veces más. Sangraría hasta que mi cabeza colapsara por tanta gravedad. No olvidaré las enseñanzas aprendidas. Aquellos largos abrazos que echaré de menos todos los días.
Los años pasaron y cada vez había menos gente de la Tierra en Marte. Nos tenían como una colonia y solo se acordaban de mandarnos provisiones. Los terrícolas venían de visita para descubrir lo que era vivir en otro planeta. El turismo marciano lo llamaban. Un tour que les llevaban a visitar todas las maravillas, piedras, polvo y un gran bunker cargado de souvenirs, comida de lo más variada. Nos habíamos convertido en un espectáculo hasta que decidieron no venir más. Decían que se aburrían.
Yo mientras tanto estaba apunto de cumplir 25 años, con un hijo que era 100% marciano. Un matrimonio que nos llevábamos bien pero que apenas teníamos relación. Fue tener el bebe y literalmente desaparecer. Cada uno con sus tareas diarias de exploración. Continuar con la terraformación del planeta. Se a conseguido tener una zona controlada de arboleda y un pequeño lago que contiene agua líquida.
Mí pequeño marciano, Kal fue creciendo mientras que el planeta hacia su gran transformación. Una ciudad que no le faltaba de nada. Todavía no se podía pisar la superficie sin un traje de protección, los ingenieros idearon edificios adaptados al planeta. Dentro de cada uno se respiraba un aire limpio pero repleto de gente ansiosa por consumir. El turismo se volvió a activar y Marte se puso de nuevo de moda. La base lunar ya se había quedado anticuada y preferían probar la emoción del planeta rojo.
Había cambiado tanto el planeta que ya ni lo reconocía. Mis padres habían fallecido hacía pocos años, y ahora mismo solo me importaba mi hijo. Estaba a punto de convertirse en un chico de 18 años. Tenía muchísima energía, más que yo cuando tenía su edad. No dejaba de hacer preguntas sobre la Tierra. Desde que se enteró que sus abuelos eran de ese planeta, todo lo que tuviera que ver con él, le entusiasmaba. Estaba empeñada en ir algún día. Yo le recordaba que no podría soportarlo, porque su cuerpo no lo resistiría, pero no me creía. Lo peor, cuando uno de los visitantes que venía de la Tierra y su hija vinieron de visita y conocieron a Kal, mientras les enseñaba la parte subterránea de la ciudad, un lugar donde se creía que en la antigüedad del planeta hubo ríos subterráneos. Se hicieron amigos los dos jóvenes. Fueron quedando a escondidas mías, en esos días me mentía de donde estaba. Su amistad llegó a algo más.Sabía que por las normas sólo podía fraternizar con una chica de Marte, para así seguir con lo programado desde ya hacía años. Solamente podían ser amigos pero nada más. Discutía conmigo de que no lo entendía. Que esa regla estúpida no tenía sentido.
-Kal no podrás ir con ella a la Tierra. Dentro de unas semanas todo se acabará
-No te creo. quien dice que un marciano no puede vivir en la Tierra. Te lo han dicho, lo has leído en un libro. Pero acaso alguien ha ido a comprobarlo.
-La ciencia hijo mío. Eso no se puede cambiar. Debes olvidarte de ella.
-No puedo. La quiero.
-Cuanto antes lo aceptes. Antes la olvidarás.
-Déjame mamá, quiero estar solo.
Ese día no lo olvidaré nunca. Dejó de dirigirme la palabra. Descuidó sus estudios y solo se centraba en estar con ella. Intentaba que me hablara, pero no conseguía nada. La situación por suerte se fue calmando al saber que la muchacha y su familia se quedaba un mes mas en Marte. Algo que hizo reaccionar a Kal y volvió a hablarme. Lo que no imaginaba que después de esa calma momentánea vendría una tormenta que lo cambiaría todo.
Faltaba solo una semana para que la muchacha de la Tierra junto a su familia regresara a casa. Los preparativos del viaje habían puesto nervioso a Kal. Lo que no me imaginaba es que su mente estaba ideando un plan para fugarse con ella. Me tenía totalmente engañada. Estaba demasiado amable. Charlaba conmigo, como hacía antes de conocerla y no me imaginaba que el final de la historia que ahora relato me hiciera romper el corazón en mil pedazos.
Kal tras un plan perfecto se coló en la nave starship que iba rumbo a la Tierra. Despegaron mientras yo pensaba que estaba en Marte como cualquier otra jornada. Cuando supe la verdad, era demasiado tarde. La nave iba en dirección a la Tierra y no pude hacer nada. Lloraba de dolor en compañía de su padre que también se había quedado destrozado al saber la noticia. La starship estaba programada y no podía dar media vuelta. Contactamos con la Tierra e informamos de lo que había sucedido. Lo mandaría de vuelta lo antes posible, en el siguiente vuelo, en cuanto aterrizaran.
El problema es que cuando aterrizaran tendrían que esperar dos semanas para el nuevo despegue. ¿Su cuerpo resistiría? lo más seguro es que no.
Aterrizaron y las informaciones de la Tierra no eran lo que esperábamos. La chica había viajado con un bebe en sus entrañas. Había practicado sexo con Kal en Marte y se había quedado embarazada. Parió en la nave starship. El bebe y la madre estaban bien. No sabemos cómo reaccionará la criatura con la atmósfera de la Tierra. Tiene genes terrícolas y marciana pero ha nacido en el espacio con una gravedad de la nave adaptada a la de la Tierra, Kal no se encontraba muy bien desde que piso suelo terrestre.
Cuando me dijeron que no se encontraba bien, me imaginaba lo que estaba pasando.
-Que me pasa. El cuerpo pesa una tonelada. Me cuesta hasta andar. Estoy en el suelo y no puedo levantarme. Ahora ha comenzado a sangrarme la nariz, que me sucede.
¿Qué le pasaba? gravedad. mira que se lo había dicho, y no me había creído. Lo aislaron de la madre de su hija. En una sala burbuja con gravedad adaptada a su cuerpo. Tuvo que despedirse de su hija y volver a Marte. La criatura por suerte se adaptó bien a la gravedad de la Tierra. Los años siguientes continuaron en contacto hasta que ella decidió venir a Marte, para que su hija conociera sus raíces marcianas. Kal no olvidó nunca esa visita ni cuando le hizo prometer que no volvería más al planeta rojo. Que reharía su vida con otra persona en la Tierra. Prefería que su hija se criara allí. Tener una parte de él en ese planeta que tanto quería. Se lo prometió y no volvió jamás.
Escrito por Sandra Barrachina