UN NUEVO HOGAR
Relato Ganador concurso Internacional de Cuentos MIR-2020
AÑO 20140
Mis ojos vieron la atmósfera del nuevo planeta K218b. 8 veces la masa de La Tierra. Era realmente hermoso
LOS PREPARATIVOS AÑO 2030
Los preparativos del viaje comenzaron desde que nací. Mis padres fueron unos de los elegidos para tener un bebé modificado genéticamente. La vida en la Tierra se estaba poniendo insostenible y había que tomar medidas drásticas para que la raza humana tuviera una oportunidad.
Hawking dijo: la especie humana debe colonizar el espacio para sobrevivir, y le hicieron caso. La exploración de los exoplanetas fue clave para encontrar la perfecta vía de escape a un planeta que se le estaba acabando los recursos naturales.
Todas las agencias espaciales en 2015 se fijaron en el descubrimiento del telescopio Kepler cuando localizó el planeta K218b. Estaba ubicado en la constelación de Leo y giraba alrededor de una estrella roja enana. Se encontraba en la zona habitable y recibía el calor suficiente para poder tener agua líquida. El candidato perfecto a colonizar. ¿El problema? Que estaba a 100 años luz de la Tierra. La tecnología no estaba lo suficientemente avanzada para poder realizar el viaje.
Todos los conocimientos adquiridos en los proyectos Artemisa de la Nasa en gravedad cero en las bases de la Luna como en Marte, sirvieron para crear el proyecto Leonis.
Ahí entré yo. Creando un ser humano capaz de reproducirse en el espacio, modificado genéticamente para que la falta de gravedad no fuera un problema.
Me llamaron Helen, como la astronauta europea que viajó al espacio; Helen Sharman.
Desde que nací todo fue un entrenamiento constante. Pruebas y más pruebas diarias para comprobar que todo estaba correcto: Acostumbrar mi cuerpo a la alta gravedad, estudios psicológicos para saber mi estado mental y anímico... Fui creciendo hasta que el proyecto entró en la fase final.
Conocí a mi compañero de viaje Pedro, el único acompañante hacia el planeta k218b. Manteníamos largas conversaciones para así conocernos un poco mejor antes del viaje. Nos sentíamos observados y analizados constantemente.
Pasaron los meses. Con Pedro tenía total confianza y parecía que los que nos observaban se alegraban de ello. Los últimos exámenes estaban cada vez más cerca. Faltaba muy poco para que llegara el día del lanzamiento. Ambos no podíamos evitar preocuparnos y sentir algo de miedo: nos habían mentalizado que sería un viaje sin retorno. Hacerse a la idea no era fácil, pero nos habían preparado para ello. Éramos genéticamente mejores pero, ¿sería suficiente?
EL LANZAMIENTO Y LOS PRIMEROS DÍAS A BORDO AÑO 2046
Cabo cañaveral nos esperaba. El lanzamiento fue todo un éxito. Salimos de la atmosfera terrestre rumbo a lo desconocido. Dejamos atrás nuestro planeta. Los astronautas que estaban en la estación espacial internacional, nos saludaron con un gran cartel de buena suerte. La nave se estabilizó y pudimos desabrochar nuestros cinturones, comenzando a flotar por la falta de gravedad.Fue pulsar un botón y volvimos a pisar suelo.
El interior de la nave era de un color blanco. No le faltaba de nada, desde una sala para hacer ejercicio hasta un gran laboratorio donde hacer experimentos. Aunque no estábamos solos. Nos acompañaba un androide con inteligencia artificial con conocimientos de medicina, agricultura y otras ciencias.
Lo habían programado para ser nuestro guía en el viaje. Tenía reacciones como un humano: podía razonar y mantener una conversación, aunque su interior fuera de metal duro y resistente.
Los primeros días en la nave los dedicamos a condicionarla para poder asegurarnos nuestra supervivencia. Activar las salas preparadas para cultivar alimentos, dónde la temperatura estaba totalmente adaptada. Ejercicios diarios que ayudaban a que nuestro cuerpo no perdiera tanta densidad ósea.
Pedro y yo formábamos un gran equipo. La confianza era total y eso nos ayudó a ambos a hacer más llevadero el viaje; él disfrutaba con la pintura y yo con la escritura; dibujaba como sería el nuevo mundo mientras yo le ponía letra.
- Pedro ¿Cómo será el nuevo planeta?
- Dicen que es como la Tierra pero más grande.
- ¿Encontraremos vida?
- Si hay agua, posiblemente la habrá.
- ¿Te acuerdas de tus padres?
- Si Helen ,todos los días
- He comenzado a olvidarme de sus rostros. Intento verlos pero los veo borrosos.
- A mí me pasa lo mismo.
- Estamos locos por hacer este viaje sin retorno.
- Posiblemente. ¿Pero si no lo hacemos nosotros, quién lo hará?
- Eso también es verdad.
Esa conversación no la olvidaré nunca, solo tenía 16 años. Ahora soy una mujer escribiendo en este diario a punto de convertirme en una futura madre ilusionada por ver la cara de su primer hijo. Una niña con el nombre de Valentina. Para no perder la tradición de mi madre de poner un nombre espacial, le puse como la primera mujer cosmonauta, Valentina Tereskova.
VALENTINA AÑOS 2066 - 2082
Valentina, una niña nacida en el espacio que no cesaba de hacer preguntas, alguna de lo más difícil de contestar. Le encantaba que le contásemos historias sobre la Tierra. Se le iluminaban los ojos y siempre quería más. Se la educó en todas las materias posibles: ciencia, literatura, matemáticas… pero en lo que más disfrutaba era la historia. Tenía la capacidad de retener la información casi como un ordenador; su coeficiente intelectual era muy elevado. Su vida en la nave se iba adaptando a nuestras tareas, iba creciendo y al mismo tiempo preparándose para el futuro.
Era una niña llena de energía que de pronto al llegar la adolescencia se fue apagando. Pedro y yo la veíamos muy desanimada anímicamente y no sabíamos cómo actuar.
Todo lo referente a los sentimientos nunca ha sido fácil para nosotros. Nos prepararon para ser analíticos, no románticos. Pero ella, a diferencia de nosotros, no podía evitar sentirse perdida, como si le faltara algo. Por eso decidimos cambiar sus tareas y darle algún estímulo, para ver si reaccionaba. Tuvo el efecto deseado. Ponerse el traje y dar un paseo espacial le encantó. Ella observaba el universo, tenía tiempo de mirar las estrellas y las luces de los planetas lejanos. Sentirse útil y con los ánimos renovados.
El universo puede ser hermoso pero también hay que tenerle cierto temor; en cualquier momento esta tranquilidad se puede convertir en un gran peligro.
Un día mientras Valentina y su padre se encontraban en el exterior de la nave, un banco de asteroides se aproximó a la nave con intenciones de chocar en cualquier momento. El problema es que en el exterior no se oían los gritos de alerta. Tuve que improvisar, coger un trozo de papel y escribir las palabras: PELIGRO, ENTRAD.
Pedro fue en busca de Valentina pero no le dio tiempo. Uno de los asteroides chocó con la Leonis provocando que ella se alejara de la nave. Tuvimos suerte que le sujetaba una cuerda de seguridad sino hubiera acabado a la deriva y en el espacio profundo.
El próximo asteroide cada vez estaba más cerca, No había mucho tiempo.
Pedro, sin pensárselo dos veces, cogió la cuerda que la unía a la nave, arrastrándola dirección a la escotilla, mientras Valentina se iba impulsando dirección a la nave con el propulsor del traje. Llegaron ambos a la puerta a tiempo del impacto.
Los asteroides que chocaron no eran suficientemente grandes, pero hicieron unos cuantos destrozos que nos tuvieron ocupados unas cuantas semanas. Lo malo que perdimos la radio de comunicación de la Leonis. Dejándonos sin comunicación y sin la posibilidad de contactar con alguien, en caso de emergencia. “Estábamos solos”.
Creía que iba a morir Valentina, que la cuerda se rompería y su cuerpo acabaría a la deriva, perdida en el universo infinito. Mejor dejar los paseos espaciales por una temporada.
ALAN AÑOS 2083 -2130
Meses más tarde volví a quedarme embarazada. Se llamó Alan como Alan L Bean, uno de los astronautas que caminaron en la luna. Dar a luz dos bebés que completarían una hazaña que parecía prácticamente imposible. Nuestra misión había finalizado.
Ahora solo quedaba disfrutar al máximo el tiempo que nos quedaba para pasarlo juntos. Preparar física y mentalmente a nuestros hijos para la atmosfera del nuevo planeta.
La nave tenía una sala de entrenamiento donde tenía una gravedad muy alta. Las primeras sesiones fueron muy duras para ellos. Su cuerpo era pesado y no podían casi ni levantarse del suelo. Los brazos y piernas quedaban doloridos del esfuerzo. Poco a poco se fueron acostumbrando y pudieron correr por la sala. Eso no fue un trabajo de meses sino que duró años.
Ahora me encuentro enferma y pienso lo orgullosa que estoy de ellos. Pedro y yo somos dos ancianos astronautas que salieron de la Tierra rumbo a un planeta desconocido. Engendraron dos niños valientes y sabios que llegaran a K218b.
La última fase por nuestra parte, es morir. Dejar la nave adaptada a la gravedad alta. Ellos ya están preparados para seguir solos por el universo y llegar a su destino.
Adiós hijos. Os he querido y admirado. Buen viaje.
AÑO 2140 PLANETA K218b VALENTINA DIARIO
Valentina es mi nombre y me encuentro en la nave Leonis rumbo al nuevo planeta, junto a mi hermano Alan. Nos encontramos a pocos años luz de nuestro destino. Hemos perdido a nuestros padres, que nos han preparado para este momento durante toda su vida. Hemos aprendido a seguir un duro entrenamiento para llegar en las mejores condiciones. A pesar de la edad que comienza a hacer estragos, seguimos esperanzados.
Nuestras vidas en la nave son una monotonía constante. Los recuerdos junto a nuestros padres, todas sus enseñanzas, siempre están presentes .El día a día no es el mismo sin ellos.
Recorrer el universo con solamente la idea en mente de hacer todo lo que tenían programado. Todo era teórico, pero no podemos evitar pensar en el final del camino. El miedo nos invade, pensar si vamos a estar a la altura, que el sacrificio que han hecho nuestros padres no nos sirva de nada.
Ahora mismo tengo tantas preguntas en mi mente que lo único que provocan es que en cada entrenamiento me ponga más al límite. Horas de ejercicio continuo para dejar la mente en blanco. Sentir tristeza. Guardarla porque ahora soy el apoyo de mi hermano menor, un ser que es mi única compañía. Afrontar que ya no están y seguir adelante con la misión.
Recordar aquellos momentos donde era una adolescente llena de energía. Preguntando sin parar y quejándome cada minuto del día. Quería saber tanto del Planeta Tierra que creo que a mi madre entró en un colapso metal con tanta respuesta. Creo que lo hacía para sentirme parte de un lugar, conocer sus costumbres. Imaginarme en mi cabeza como sería el mar o ver un amanecer desde allí.
En el espacio todo era muy diferente. La Tierra con esa paleta de colores anaranjados y rojos debía ser precioso. Mi madre me enseñó fotos pero no era lo mismo. Mientras fui creciendo me convertí en toda una experta en el planeta azul, lo sabía prácticamente todo. Cuando nació mi hermano me encantaba contarle historias terrestres con un toque de imaginación y algo de magia. Se le iluminaban los ojos y realmente era sin lugar a dudas el mejor momento del día.
Uno de los momentos más memorables fue cuando mi madre me habló de la sexualidad humana. Saber todo el proceso, pero sin poder ponerlo en práctica. No era posible. No había hombre o mujer para poder hacer ese experimento carnal. Sólo podía tener mis primeros orgasmos en la sala virtual de la nave, un lugar donde a base de hologramas y gafas especiales podías tener la sensación de vivir algo real, pero no lo era. Sentía un placer y un hormigueo muy placentero. A mi cuerpo le sentaba de maravilla. Después de las sesiones me encontraba tremendamente relajada y con una energía que me duraba todo el día. La subida de adrenalina y la excitación se acabaron convirtiendo en algo cotidiano. Estaba enganchada. La primera vez estuve un minuto, pero cuando comencé a disfrutarlo se convirtieron en sesiones de horas y más tarde de días. Esa sala virtual se acabó convirtiendo en un desahogo emocional.
Mi hermano cuando llegó el momento también tuvo su propia sala. Yo entonces no estaba tan emocionada, se me había pasado el enganche a tanta excitación. Lo mejor fue que ambos compartíamos largas conversaciones de lo que habíamos sentido. Al principio, nos daba vergüenza, pero al poco tiempo no nos daba pudor hablar del tema orgásmico virtual.
-¿ Alan, qué tal la sala sex/virtual?
-La verdad, no sé que decirte. ¿Cómo fue tú primera vez?
- Con un miedo que me recorría todo el cuerpo. No sabía lo que iba a sentir. Fue un desastre.
-Menos mal, porqué tenía tanto miedo que hasta cerré los ojos, solo quería que acabara y salir de la sala. Sonaba una voz que me susurraba en el oído palabras que no entendía, que no paraba de repetirme que me iba hacer sentir bien.
-Alan, te diré lo que me dijo nuestra madre cuando salí por primera vez. Que me dejase llevar, que me relajara y que confiara en mis instintos. No pensar”.
-Eso no ayuda mucho la verdad, porqué lo único que hago es temblar.
-Por lo menos intenta no cerrar los ojos. Con el tiempo se convertirá en tu sala favorita, ya lo verás.
- De momento me vuelvo a la sala de alta gravedad.
- Como quieras.
AÑO 2140 ALAN
-¿De qué están hechas las estrellas?
Eso decía mi abuelo. Era un apasionado de la astronomía. Mi padre siempre me contaba su historia y con los años dejé de acordarme de ella hasta ahora.
No lo tuvo fácil para ser el elegido para esta misión. Era huérfano y desde muy joven vivió en casas de acogida. Era un rebelde que no encajaba en ningún hogar. Se sentía desplazado hasta que llegó a la casa de mi abuelo. Mi padre encontró una persona que le entendía, consiguió que tuviera una meta y volviera a ilusionarse. Mi abuelo tenía tanta pasión por la Astronomía que al joven Pedro lo tenía ensimismado.
-Padre, tengo miedo.
-¿La tormenta te da miedo?
-Sí, y mucho
-Vamos ha hacer una cosa. Cuando veas el siguiente rayo cuenta conmigo.
- Ahí está
- Uno, dos y tres (Se oye un trueno)
- Venga vamos al siguiente. Cuenta otra vez
- Uno, dos, tres y cuatro y cinco (Se oye un trueno otra vez)
- ¿Lo ves? Se está alejando la tormenta.
- ¿Sabes por qué vemos antes la luz que el sonido?
- No, no lo sé
- Tiene fácil explicación. La luz viaja más rápida que el sonido. Por eso cuanto más tarda en oírse el trueno sabemos que la tormenta se está alejando. Y aún hay más.
Si divides por 3 el número que has contado sabrás los quilómetros de distancia que está la tormenta.
-Ahora que lo entiendo, no tengo miedo.
Gracias a mi abuelo y sus historias que habían impregnado su niñez, hicieron que mi padre quisiera ser astronauta. Los años siguientes de estudio y preparación consiguieron que entrará en una agencia espacial.
-Pedro, ¿Sabes como nacen las estrellas?
- Son bombillas diminutas que iluminan el cielo nocturno.
- Las estrellas se forman a través de las nebulosas.
-¿Qué es una nebulosa?
-Es una nube gigante de polvo y gas. En las nebulosas los gases están tan comprimidos y calientes que hacen que exploten y que liberen luz y calor. Así nacen las estrellas.
¿Las estrellas tienen gas? Nunca me lo hubiera imaginado.
- No solo es gas, sino hidrógeno y helio.
-Son hermosas
-Sí lo son.
AÑO 2140 LA CONSTELACIÓN DE LEO VALENTINA
Hoy nos hemos levantado y hemos llegado a la constelación de Leo. El espectáculo es hermoso: luces de estrellas brillantes envueltas en una especie de nebulosa. Me llenan de nostalgia; éstas me recuerdan a los cuadros que pintaba mi padre. Siempre nos hablaba de la constelación de Leo y sus estrellas. Nos contaba la historia de Heracles y el león de Nemea mientras daba pinceladas, recitando como el héroe acababa con el monstruo con sus propias manos. El monstruo que aterrorizaba a la humanidad y parecía invulnerable, rematado por Heracles. Me hacía más gracia como mi padre la contaba, que la historia en si. Se movía de una manera que no podía parar de reír.
Mi hermano Alan y yo siempre teníamos que estar alerta, algo que nos creaba tanta tensión que mi pobre hermano acabó enfermando. En el espacio las bacterias parecen que tengan una resistencia imposible de neutralizar. Nuestros cuerpos solo les queda tener paciencia para poder reponerse lo antes posible. Los vómitos y las nauseas no cesaban. Nuestro robot Cosmos se encargó de llevarlo a una sala de cuarentena.
No tendría contacto alguno con él hasta que desaparecieran todos los síntomas, algo que provocó que las tareas diarias fueran el doble para mí.
Era vital no dejar desatendidas todas las salas de comida y agua tratada, nuestra supervivencia estaba en juego. La poca comida que nos quedaba ya empezaba a acabarse. Todo estaba racionalizado hasta el oxígeno que respirábamos. Cosmos y yo podíamos con el trabajo diario, lo malo que era que al día siguiente volvía a empezar la lucha. Además tenía que seguir mi entrenamiento en la sala de la gravedad. No lo podía dejar de lado porqué dentro de nada estaríamos pisando el nuevo planeta y los cuerpos tenían que estar preparados.
AÑO 2140 AGUJEROS NEGROS
-Alan pronto ven enseguida tenemos un problema bien gordo a la vista.
- ¿Qué pasa Valentina?
-Cosmos haz un análisis de las posibilidades que tenemos de pasar de largo ese inmenso agujero negro.
- Observo que vamos directos sin remedio. Las posibilidades de no ser engullidos, no la puedo calcularlo.
- Valentina pensemos. Tiene que haber una manera de evitarlo.
-Cosmos dime, ¿Cuánto combustible tenemos?
- La nave está al 30 por ciento, el justo para terminar el viaje.
- Tiene que haber algo más, no podemos acabar de esta manera.
- Hemos visto otros agujeros negros, pero no tan grandes.
- Superamos el banco de asteroides. No te rindas. ¿Y si fuéramos con la nave auxiliar hasta el planeta?
- Sería muy arriesgado y no tendríamos suficiente combustible para hacer el trayecto.
-¿Y si llenamos el depósito con combustible de la Nave?
- No podríamos volver a la nave
- Lo sé, pero es nuestra única oportunidad
-Tengo que hacer un par de ajustes mecánicos y tendríamos el doble de potencia.
-Iré a coger todo lo básico para sobrevivir en el nuevo planeta. Nuestras reservas de comida y agua.
-Abandonar nuestro hogar y dejarlo a la deriva. Es demasiado doloroso. Hay tanto recuerdos en ella.
-Es difícil lo sé. Pero si queremos vivir debemos abandonarla, salir por la nave auxiliar. No nos queda otra.
-¿ Lo Tienes todo?
- Sí.
- Pues vamos.
- ¿Cosmos también viene?
- No lo dejaremos es de la familia.
- Allá vamos
- Gracias Leonis por todo.
AÑO 2140 PLANETA K218b VALENTINA
Nuestro nuevo hogar lo teníamos a la vista. No sabíamos como era la Tierra porque lo único que sabíamos era lo que nos habían contado nuestros padres. Pero tengo que decir que K218b era hermoso: lo llamaban un mundo de agua y no se equivocaban. Alan y yo estábamos emocionados por vivir este momento tan esperado. Abandonamos la Leonis y cogimos la cápsula para descender y pisar tierra. Nuestro plan de dejar atrás el agujero negro funcionó a la perfección.
Nuestra nave que nos había acompañado en el viaje desapareció sin rumbo por el espacio profundo.
Como expresar todo lo que sentíamos tras aterrizar en el nuevo planeta. Todavía estamos en shock. Esperábamos que al menos hubiese seres microbianos.
Nuestros cuerpos, gracias a las sesiones de la sala de alta gravedad estaban acostumbrados a la gravedad del planeta. Nos dolía un poco la cabeza, pero se podía aguantar perfectamente.
Pasamos el día completo en busca de pruebas de existencia de vida. Estábamos rodeados de agua y una especie de algas pegadas en las rocas. Con el hambre que teníamos parecían muy apetitosas. Cogimos un par de muestras de la tierra y el agua para darnos pie a construir nuestro primer vivero en el nuevo planeta.
Comimos las reservas de comida que nos quedaban y acabamos de pasar nuestro primer día.
Despertamos y nos llevamos la gran sorpresa, cuando una especie de humanos nos tenían totalmente rodeados, lo más extraño fue que los entendíamos, hablaban nuestro mismo idioma. Al preguntar de donde eran, nos respondieron que vinieron de la Tierra para poblar este planeta. ¡Humanos!, merecíamos una explicación. La pregunta era clara: ¿Cómo era posible que hubiera humanos? ¿Si se tardaba un siglo en llegar, que habían hecho para llegar más rápido que nosotros?
En un siglo, la tecnología había avanzado tanto que ya era posible hacer el trayecto en la mitad de tiempo o menos. En el momento que dominaron la velocidad de la luz y la hibernación, el viaje al nuevo planeta fue posible.
Sentimos una decepción inicial al saber que no habíamos sido los primeros, pero cambiamos de actitud cuando pensamos que al menos ahora habíamos encontrado más gente con quien hablar y compartir una nueva vida juntos. Un nuevo comienzo en K218B.











